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| Cartel de la película |
En España, durante el siglo XVI, Francis Barnard (John Kerr) visita el castillo de su cuñado Nicholas Medina (Vincent Price) para investigar la causa de la muerte de su hermana Elizabeth (Barbará Steele). Tanto Nicholas como su hermana menor Catherine (Luana Anders) explican vagamente que Elizabeth ha fallecido a causa de una rara enfermedad de la sangre. Cuando, al pedirle más detalles sobre la enfermedad, Nicholas responde con evasivas, Francis decide no irse del lugar hasta descubrir qué ocurrió realmente con su hermana.
Mientras cenaba con el médico de la familia, el doctor León (Anthony), Francis pregunta de nuevo por la muerte de su hermana. El doctor León le informa que falleció de una insuficiencia cardíaca, agregando que murió literalmente de «miedo». Tras esto, Francis exige conocer el lugar donde murió. Nicholas lo conduce a la sala de torturas, explicándole que Elizabeth, debido a la atmósfera del castillo, se obsesionó con los instrumentos de la sala. Su trastorno mental fue tal que un día se encerró dentro de la doncella de hierro, muriendo tras susurrar el nombre «Sebastián». Sin embargo, Francis se niega a creer la historia de Nicholas.
Francis le dice a Catherine que Nicholas parece sentirse un tanto culpable en lo que respecta a la muerte de Elizabeth. Ante esto, Catherine le revela que Nicholas sufrió un trauma durante su niñez. Su padre era Sebastián Medina, un conocido miembro de la Inquisición española. Cuando Nicholas era un niño, entró a escondidas en la sala de torturas de su padre (también interpretado por Price), ignorando la prohibición de este. Minutos después entraron su padre, su madre Isabella y el hermano de Sebastián, Bartolomé. Nicholas, que estaba escondido en un rincón de la sala, observó cómo su padre golpeaba a Bartolomé con un atizador al rojo vivo, gritándole «¡adúltero!». Tras asesinar a Bartolomé, Sebastián torturó a su esposa hasta darle muerte.
Cuando Catherine termina de contar la historia a Francis, ambos son informados por el doctor León de que Isabella no fue torturada hasta la muerte, sino que fue sepultada tras una pared de ladrillos estando aún viva. Esto llevó a Nicholas a sospechar el enterramiento prematuro de la misma Elizabeth, aunque el médico asegura que tal cosa no ocurrió. Además de esto, Nicholas cree que el fantasma de su esposa ronda por el castillo, a causa de los ruidos procedentes de su antigua habitación.
A pesar de esto, Francis comienza a sospechar que todo es un truco de Nicholas. Ante estas acusaciones, el doctor Leon ordena abrir la tumba de Elizabeth para estar seguros de si fue o no enterrada viva. Al abrirla, ven al cadáver en estado de descomposición, pero en una posición que refleja pánico, con sus manos en alto y con la boca abierta. Este descubrimiento afecta a Nicholas, quien huye a su habitación para intentar suicidarse. Catherine lo detiene, diciéndole que no fue culpa suya que tal cosa ocurriera.
Esa misma noche, Nicholas, al borde de la locura, oye la voz de Elizabeth, que lo conduce a la sala de torturas. Elizabeth surge de entre las sombras, provocando la caída de Nicholas por unas escaleras. Mientras Nicholas está desvanecido, llega el doctor León y se reúne con Elizabeth. Ambos creen muerto a Nicholas, que sin embargo está vivo y consciente. Nicholas descubre entonces que Elizabeth había fingido su muerte con la ayuda de su amante, el doctor León. Su objetivo era deshacerse de él para quedarse con su fortuna. Tras oír esto, Nicholas se incorpora, pero creyendo que es su propio padre, Sebastián Medina, y encierra a Elizabeth en una doncella de hierro. El doctor León escapa, pero muere al caer en un pozo de gran profundidad.
Francis llega a la sala de torturas en busca de Nicholas, pero este lo confunde con su tío, Bartolomé, y lo deja inconsciente. Nicholas lleva a Francis a una sala contigua donde lo amarra bajo un péndulo en cuyo extremo hay una navaja gigante. Antes de ser cortado por el péndulo, Francis es rescatado por Catherine y un sirviente. Tras una breve lucha con el sirviente, Nicholas es arrojado al mismo pozo en el que había encontrado la muerte el doctor León. Cuando los tres abandonan la sala de torturas, Catherine jura que sellará para siempre la estancia: en ese momento, la cámara enfoca a Elizabeth, quien continúa viva dentro de la doncella de hierro
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